El miércoles pasado, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, responsabilizó a Estados Unidos por la muerte del preso en huelga de hambre Orlando Zapata, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
"La poderosa maquinaria del imperio (estadounidense) no vacila en utilizar a un recluso reincidente y sancionado en debido proceso, por delito común, y luego reclutado en prisión, para presentarlo como un luchador por los derechos humanos", dice el canciller cubano refiriéndose al fallecimiento de Zapata.
Considerado un prisionero de conciencia por Amnistía Internacional (AI), Orlando Zapata murió en un hospital de La Habana a la edad de 42 años, después de 85 días de huelga de hambre en varias cárceles cubanas, protestando por las condiciones y maltratos a los que era sometido.
Al margen de la validez o no de las declaraciones del canciller cubano, lo que resulta más interesante es su integración “orgánica” dentro de la campaña propagandística que el gobierno cubano, apoyado por todo tipo de medios y personas afines, ha desatado a nivel Mundial en contra del disidente Orlando Zapata Tamayo, intentando desacreditar el valor, objetivos y origen de su Huelga de Hambre, vinculándolo a él y a otros disidentes, de forma directa o indirecta con el “delito” de ser financiados por una Potencia extranjera, para actuar en contra de la Revolución cubana.
El objetivo, pasar de Verdugo a Víctima con tal descaro y cinismo que hasta grabaciones y videos tomados de forma artera y en secreto a la propia madre de la víctima, y convenientemente manipulados, pueden servir de “pruebas”.
Estamos tan acostumbrados a la práctica de esta política de “escándalo público” que el gobierno cubano utiliza en sustitución de la Diplomacia y la Justicia (hablo del poder judicial como tal, y de su tarea de impartición de la Justicia) que, generalmente, la opinión pública da como hechos comprobados los “argumentos” que esgrime la Propaganda cubana y por buena su forma de lidiar con las diferencias entre Países o de aplicar la Ley a los “infractores”; sin siquiera cuestionarnos la validez o la veracidad de dichos argumentos y mucho menos el método utilizado.
El método es bastante sencillo pero muy eficiente; siendo el Monopolista absoluto de los medios de comunicación en la Isla y disponiendo de miles de “profesionales” de la comunicación a su servicio en todas partes del Mundo, el gobierno inunda todos los canales nacionales y muchos medios internacionales con “noticias”, reportajes, mesas redondas y programas de todo tipo, aparentemente no relacionadas entre sí; lanzando un bombardeo implacable de verdades a medias, mentiras absolutas, tergiversación de hechos, manipulación, y un largo etcétera de “dardos envenenados”; todos orgánicamente orientados para lograr un Objetivo que previamente se ha trazado y generar un estado de Opinión Colectiva favorable para la aplicación de cierta medida, la desacreditación de alguna persona o la solución de una situación incómoda.
Pocas veces, en la Historia de la Humanidad se había visto tal uso de la Propaganda de Estado como herramienta de la diplomacia y la política interna de un País.
Si se quiere eliminar a un disidente o grupo incómodo, se lanza sobre él todo el aparato propagandístico del estado, creando una opinión pública adversa hacia esa persona o personas, para luego actuar contra el individuo atentando descaradamente contra todos sus derechos, “no nos quedó más remedio que hacerlo, el pueblo así lo exigía”.
¿Es que acaso no se disponen de suficientes “pruebas” como para que el Estado sea capaz de probar los supuestos delitos ante un Juez?, ¿por qué necesita un Estado tener primero la Opinión Pública a su favor para luego actuar ante un supuesto delito? ¿Acaso no le asiste el derecho?
La realidad es que antes de ser juzgados los acusados ya han sido condenados.
Sin importar que la mayoría de las voces que se alzan desde el interior de la Isla o desde fuera de ella, en contra de la corrupción, la opresión y el estado de cosas imperantes en Cuba, jamás hayan recibido ni aceptado un centavo de los norteamericanos o de cualquier otra nación; sin importar el derecho inalienable que tenemos todos los cubanos de apoyar cualquier forma de manifestación política al interior de la Isla, que sea consecuente con nuestros ideales, cualesquiera que estos sean, el gobierno cubano seguirá acusando a la resistencia pacífica en contra del régimen de “acciones subversivas del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba” en su política permanente de ocultamiento y tergiversación de la realidad.
Desde la “espontaneidad” de los blogueros oficiales, hasta la “experiencia” periodística de profesionales muy bien pagados, pasando por la Opinión “calificada” de reconocidos “expertos” y las excelsas “Reflexiones del Compañero Fidel” , el cerco mediático se va cerrando, preparando a la Opinión Pública nacional e internacional para el próximo paso, que ya ha sido decidido. Ni Maquiavelo pudo planearlo mejor.
Pero hoy las cosas parecen que van cambiando, ya no resulta tan fácil “convencer”; como alguien ya dijo, en el futuro habrá que hablar de un antes y un después de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, aunque el Gobierno cubano no quiera reconocerlo; hechos inéditos como la manifestación del Frente Cívico Orlando Zapata Tamayo en la embajada de Cuba en Ciudad de México así lo confirman.

















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