El Socialismo es un período de tránsito y por tanto debe hacer uso de “mecanismos capitalistas”, aquellos mecanismos que permitan el desarrollo de las Fuerzas Productivas y su liberación del Capitalista, sea este privado o estatal.
Dos son los objetivos a alcanzar en una primera etapa del Socialismo, la eliminación del salario como instrumento de explotación en lo económico y la eliminación de las clases sociales en lo social, la eliminación del primero coadyuva en la eliminación del segundo, pues ambos conceptos se complementan en el capitalismo.
La eliminación del salario no es sinónimo de eliminación del dinero o su sustitución por otras formas de intercambio y distribución, no significa que las personas deban trabajar por cupones o simplemente por nada, no significa que todos deban recibir lo mismo trabajen o no.
En el socialismo la existencia del dinero es fundamental. Como instrumento de intercambio debe asumir su verdadera función, despojándolo de la irracionalidad de la especulación en los mercados financieros.
Como instrumento de cambio, el dinero dinamiza, incentiva y permite el control de la actividad mercantil, mediante la cual los productores o prestadores de servicio intercambian sus productos o servicios. Este proceso de intercambio (mercantil) incentiva la Producción y los servicios, en una espiral dialéctica de desarrollo de las Fuerzas Productivas.
El “socialismo” cubano ha demostrado que no es necesaria la existencia del dinero para permitir este intercambio, pero su “no uso” deriva inexorablemente en formas corruptas de intercambio, al no poder ser controlado eficientemente.
Para complementar el valor del dinero como instrumento de desarrollo, es fundamental la existencia del crédito productivo y de consumo, manejado bajo estrictas y transparentes reglas, con dos objetivos fundamentales:
1.- Permitirle al ciudadano común adquirir productos o servicios para cuya adquisición no dispone en ese momento de todo el dinero que cuesta (una vivienda o el pasaje de un viaje imprevisto, por ejemplo), pero que puedan ser sufragados por él a corto, mediano o largo plazo, mediante la disposición de una parte razonable de sus ingresos mensuales (capacidad de crédito).
En el Socialismo, este tipo de crédito debe asumirse como un ejercicio de ahorro a futuro, que permite no solo la satisfacción de necesidades inmediatas, sino que incentiva el desarrollo de las Fuerzas Productivas, al permitir la comercialización permanente de productos y servicios de alto valor, que de otra forma serían muy difíciles de adquirir por el ciudadano común.
Las leyes que lo reglamenten, deberán considerar candados para no desvirtuar su uso, así como garantizar la transparencia en su expedición y control para evitar malos manejos.
2.- Financiar la actividad creadora de las Fuerzas Productivas.
Está claro que en el Socialismo no podemos prescindir del dinero, de la misma forma que las relaciones mercantiles y el crédito (productivo y de consumo) son instrumentos que permiten el desarrollo de las Fuerzas Productivas y por tanto el desarrollo, la Eficiencia y competitividad del Socialismo como Sistema.
El salario es un concepto Capitalista, es el pago que da el dueño de los medios de producción al asalariado, sea industrial, agrícola o de cualquier tipo como pago por su trabajo (físico o intelectual). En el Proceso, todos sabemos que el Capitalista (privado, corporativo o estatal) se adueña de la plusvalía, esa es la característica fundamental del Capitalismo, base de la explotación de unos individuos por otros y de todas sus contradicciones como Sistema Social.
Por lo que, eliminar el salario (considerando que el dinero es fundamental y no puede ser eliminado como ya hemos visto), significa en primer lugar transferir la Propiedad sobre los Medios de Producción del Capitalista (sea privado o estatal) al Productor, a quien llamaremos Fuerzas Productivas. Con esta transferencia se elimina la plusvalía en su concepción capitalista y por tanto se elimina el salario, pues el Productor directo (el obrero) ya no recibe una paga por su trabajo, sino que se apropia del resultado total de este.
Está claro que las Fuerzas Productivas deberán asociarse en determinadas formas para producir; pero esas formas ya han sido estudiadas hasta la saciedad, considerando cooperativas y formas de todo tipo, para cada caso en particular deberán elegirse en Cuba la forma de asociación más conveniente.
Ahora bien, el modo de asociación para producir no define necesariamente el modo de propiedad sobre los medios de producción.
En una sociedad Capitalista, es imprescindible definir al Propietario del Medio, así, para que una Cooperativa pueda existir, como regla, necesita ser dueña de sus medios de producción (aunque hay casos en los que esto no ocurre); pero en una Sociedad Socialista, la propiedad sobre los medios de producción pasa de ser una necesidad a una opción, como regla.
Me explico, en el capitalismo todo tiene dueño y si no lo tiene alguien puede “solicitarlo” en propiedad, así funciona el sistema; pero en una sociedad como la cubana, cuyo paso previo fue una revolución expropiadora, el problema es que nadie es “dueño” de los medios de producción, pues estos son “propiedad” del estado, pero el Estado no es una persona o grupo de personas que velan por sus intereses, el Estado es una entidad “virtual”, que (al menos en papeles) representa a todo el Pueblo, es decir somos todos y a la vez no es nadie en específico, de ahí se derivan miles de problemas que los cubanos conocemos al dedillo.
En este contexto, ¿qué es lo más conveniente en Cuba?, entregar en propiedad los medios de producción al obrero organizado en determinada forma de producción o que el Estado mantenga la propiedad y entregue los medios de producción en usufructo.
Para mí está claro que en esto, como en casi todo, no podemos generalizar, de la misma forma que no es conveniente centralizar la toma de decisión, pienso que deberían ser los propios trabajadores, en cada caso en particular, los que definan qué forma de propiedad les es más conveniente, considerando varios factores:
1.- Si se entrega en propiedad, los obreros organizados deberán pagar el valor de los medios recibidos, así que deberán considerar erogar parte de sus utilidades por concepto de pago de esos medios, también deberán asumir totalmente su depreciación o desgaste y su modernización o sustitución; a cambio adquirirán un bien que, contrario a lo considerado por Marx, no sufre una depreciación lineal en el tiempo (El Hotel Nacional hay vale mucho más que cuando se construyó), sino, según sus características, puede depreciarse o revaluarse.
Por ejemplo, los obreros de un central azucarero asociados en una determinada forma de producción cooperativa podrían decidir adquirir en propiedad el central, sus instalaciones e inmuebles, considerando que estos, con los años, si son mantenidos y modernizados adecuadamente, y se agrega infraestructura, deben adquirir un mayor valor.
Ahora, ¿por qué sería importante para esos trabajadores que su inmueble y medios de producción mantuvieran o acrecentaran su valor y por tanto, por qué sería importante decidirse, primero por adquirir la propiedad y segundo por responsabilizarse con su mantenimiento y modernización?
Aquí es donde entra en juego el individuo y uno de sus “vicios” recientemente señalados por el compañero Fidel, que visto desde una óptica diferente se convierte en virtud, su interés personal.
La citada cooperativa es ante todo la asociación de trabajadores individuales que buscan, con su trabajo cooperativo, mejorar permanentemente su nivel de vida personal y el de su familia, sino, para qué trabajar si de todas formas me van a dar todo, lo mismo o sencillamente nada.
Si ese trabajador individual se retira, fallece o decide separarse de la cooperativa, él o sus herederos, deberán recibir la parte proporcional de las utilidades generadas por la cooperativa en el período que trabajó, junto a la parte proporcional del valor de los medios de producción e inmuebles que ayudó a adquirir, a su valor actual, por lo que, si este es mayor que su valor original, el no solo recuperará su “inversión” sino que ganará un extra. Es decir a ese trabajador individual le interesa cuidar, mantener y modernizar “su” medio de producción porque golpea directamente su bolsillo.
2.- Si los obreros deciden manejar un sistema de usufructo, o si por las características del Medio este no puede darse en propiedad (una mina, por ejemplo), debe considerarse el pago de una renta al Estado por parte de la cooperativa, es decir pagan el derecho a utilizar el medio, así como los costos por su mantenimiento y modernización, dado el caso, con lo que adquieren también el derecho a exigir que el medio se encuentre siempre en las condiciones optimas que le permitan a la cooperativa sacarle el mayor provecho.
Además de las formas tradicionales de asociación productiva socialista, se hace necesario nombrar otras, como los especialistas independientes que podrían contratarse temporalmente, por objetivos o por trabajo terminado a otras formas como cooperativas.
Bajo esta concepción todos, sin excepción, deberán aportar recursos al Estado que le permitan a este desarrollar los servicios sociales y comunitarios, tales como la educación, la salud, la seguridad, etc. Aquí es donde entrarían a jugar un papel fundamental los impuestos, regidos por ley, claros y precisos.
Se debería pensar además en los esquemas de jubilación o pensión por invalidez, enfermedad o viudez, recursos que deben salir del ahorro proporcional de los propios trabajadores en su vida laboral, incrementados por los intereses que lógicamente generarán esos recursos en manos del Estado quien los invertiría en procesos productivos, infraestructura y créditos productivos o de consumo.
A esta altura hemos desterrado el salario de la Economía real en el Socialismo.
La Economía real Socialista nos llevaría por situaciones más complejas en las que, por ejemplo, varias cooperativas y especialistas independientes podrían estar interactuando en complejos procesos productivos como la explotación petrolera, usufructuando un bien común e inalienable de la nación como es el yacimiento petrolero.
Pero la esencia es que ninguna de estas personas estaría recibiendo un salario y de hecho ninguna estaría bajo un régimen de explotación capitalista.
Todas deberían ser libres de escoger su actividad, sin limitar sus libertades de movimiento o elección, además de ser dueñas no solo de su Fuerza de Trabajo y sus Medios de Producción, si no de su propia vida.
Saludos
Claudio Fernández
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